domingo, 29 de septiembre de 2013

Abanico.

Va soplando,
no es el viento.
Es el aire.
Se empujan las almas,
el confort se consigue.
Y siguen empujando las almas,
todo puede ser sostenido.
Y todo puede ser explotado,
hasta el sudor,
hasta el aire que se respira
hecho viento.
Hecho de todos.
El confort...
El confort...
La comodidad...
La enfermedad...
Se consigue así,
un abanico de poder
en manos intactas,
jóvenes, imposibles de toquetear.
Vírgenes e inexistentes,
el peor de los seres...
Por Dios! Por los Dioses terrestres!
¿Nada conmueve la sensibilidad oculta?
¿Nada agita los latidos del montón?
¿Y nada va a decir en algún rincón: haz algo?
Y nada somos todos,
y nada deja de abanicar
para sí, todos abanican para otro...
por pensar en sí.