lunes, 17 de noviembre de 2014

Antonio, conoces el nombre que te dieron, no el que tienes. (

La presencia de Antonio no me había llamado la atención hace más de tres años, ni hace menos de uno. No sabía de su existencia hasta que un día imposible de recordar con exactitud, lo saludé. Antonio era un hombre que podría adecuarse al rol de los vecinos. Particularmente, yo con mis vecinos tengo una relación que se basa en saludarlos cuando salgo a la calle para irme a "X" lugar en determinadas situaciones. Se basa en un saludo a un desconocido que ves normalmente casi todos los días cuando salís, un saludo sin esperar otro saludo, ni una relación o cualquier dejo de confianza. Simplemente saludar sin sentido y desinterés, casi un saludo ciego, por costumbre. Ahora, Antonio, parecía ir un poco más allá. ya que parecía más vecino que los demás vecinos. Parecía más vecino que el propio vecino dicho. Antonio recorría las calles del barrio, golpeando puertas para ofrecer su mano de obra, como una especie de deseo sobre un trabajo que le iba a dar algo mucho más necesario que algún tipo de lujo. Recorría los rostros de los vecinos ofreciendo su imagen y coraje para seguir sin rumbo anhelando un trago escapista para consuelo. Creo que con Antonio la relación de los saludos nació cuando yo lo saludé, y él, claro, también devolvió el saludo. Con el tiempo cada vez que me veía pasar, me decía "hasta pronto, muchacho", o, "chau flaco; hola flaco"; yo solamente atiné siempre a decir "hola", "chau". Una vez le pregunté a mi madre, debido a que ella tiene una pseudorelación con los vecinos, si sabía algo de Antonio, ya que cuando descubrí de su existencia, bajaba de su auto, después de una larga siesta, que se situaba justo en frente de mi casa, en la vereda de la verdulería de Don Cacho. Ahí mi vieja me dijo que, según él en la boca de los vecinos, había terminado con sus sueños y esperanzas en una historia de amor, de esas que apuñalan agonizantes para doler más en el temblor del frío metal cortando todo nuestro interior humano, desangrando lentamente. El alcohol era lo único que se notaba que necesitaba para seguir respirando por unos instantes mientras pensaba realmente lo que necesitaba para querer seguir respirando. Llegaba a miles de interpretaciones del saludo al conocido desconocido que era para mí Antonio. Ayer, mientras pensaba en los rumores acerca de dedicarse realmente a lo que debería hacerse o tratar de entender la condición del nacimiento en mismas condiciones igualitarias en libertad con los nacimientos anteriores y posteriores al mío, hablando de más de décadas y siglos, e intentar tomar lo que se me cante y ver cómo puedo adecuarme para no perder los instantes que logren darme ganas de seguir respirando, se me cruzó la imagen de Antonio por la cabeza. Es el caso más cercano que conozco de la condición de indigente, no llega a ser gente, me recuerda a la palabra indígena, pero no; se los trataron igual en ciertos aspectos y/o épocas. Nos damos el lujo de decir gente, de que exista un tipo de ser que se adecúe a ser gente con el simple hecho de dejar de lado a otro llamándole indigente. El punto es que le damos identidad y normalidad a otra clase más que permite desunión. Clase alta, clase media, clase baja. Gente, indigente. Rico, pobre, indigente. ¿Cuántos dicen "pobre indigente" y cuántos "pobre persona"? Ayer pensé en que hoy iba a hablarle a Antonio, o quizás la semana que viene. Quería preguntarle que pensaba de la vida, me interesaba pensar en que pueda darme su punto de vista. Desde todas sus experiencias, y si prefería que le acompañase en un trago amargo eterno de horas bajo la luz de la Luna, lo haría sin drama. Seguramente le iba a comentar que escribo, y que por eso querría hablar con él. También habría chistes acerca de la idea de una "salvación" si es que exagerábamos con insinuarle la idea de novelizar su historia, lo había visto antes compartir algunos tragos con las juventudes del barrio que en muchas noches reunían sus amistades del tiempo en grupos al son de la noche y del cielo estrellado en lo oscuro azulado. Pensaba que quizás lloráse si era cierta la leyenda del amor certero y sin piedad que lo hizo abandonar todo, y tal vez haya sido mentira y me confesáse que había perdido todo en algún tipo de apuesta o algún tipo de vicio ferozmente adictivo. Lo cierto, es que cuando le saludaban, sonreía. Se notaba cada vez que devolvía el gesto. Una noche que vino después de una tarde hermosa, de sol y brisas frescas pero sin helarte la sangre, dejó un frío alarmante en muchas voces que me imagino notaron la noticia, como la noté con el mal trago que se le da a un vodka sin deseos de beber, por el simple hecho de dar una imagen fuerte de garganta vigorosa, o quizás mi madre y yo fuimos las dos únicas personas que pensaron en Antonio de una forma distinta. Hoy me enteré que una vecina, la dueña o encargada de un negocio de venta de bebidas al por mayor había fallecido. Recuerdo haber hablado con esa señora, por simples compras en ese lugar que manejaba desde su reposera o desde los recuerdos de acompañar a mi abuela a ciertos lugares y que ella buscáse alguna clase de charla conmigo, sólo responderle educadamente, luego saludarla y actualmente ya no era ni eso. No era de los vecinos con los cuales me saludaba de vez en cuando y mucho menos, no me interesaba nada de su vida. Cuando me enteré de esto, volví automáticamente a Antonio. Ayer pensaba en hablarte, y hoy me encuentro sin él, sin su historia, sin su vida. Me pregunto si habrá visto las luces del auto que lo llevó por delante bajo los efectos del alcohol, o si tal vez haya pensado en dos senderos o dos guías. Si habrá sólo cruzado la calle sin oír nada, ciegamente para llegar al otro lado y volver hacia atrás sin sentido. Si debía socorrer a alguien porque moriría sin su ayuda y no pudo observar el automóvil que seguiría hasta golpear su débil cuerpo humano, imposibilitándolo de ser un héroe. La noticia fue un mal trago, en verdad. Tal vez me haya dicho en esa última charla que no se dió que se iba a suicidar, pero ahora nunca sabré si en realidad pasó eso, nunca sabré si realmente él elegía ser Antonio después de que le llamásen así.


Dedicado a Antonio,
vecino del barrio Ricardo Ramirez (Caído en Malvinas Argentinas).
El señor Antonio, de apellido desconocido por mí, perdió la vida
en un accidente de tránsito, siendo embestido por un automóvil en
la avenida Caaguazú, ex Eva Perón, ex Caaguazú, actualmente llamada
Gral. Pinto. Eternamente Caaguazú para mí y para muchos otros.
Antonio, merecidamente, que en paz descanses.
No puede acudir al velorio, sus familiares fueron avisados.
El conductor está preso, por puro tramiterío.
En un par de días, creo, saldrá.


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"Nombre Masculino de origen Latín.

Del latín que se enfrenta con el adversario.

Naturaleza Emotiva:

Naturaleza emotiva, amable y condescendiente. Suave, cordial, sagaz. Ama la armonía de las formas y los métodos persuasivos. Le gusta sentirse alabado.

Naturaleza Expresiva:

Insistente. Se expresa en la independencia de acción y en la originalidad de conceptos. Ama los modales distinguidos, la ropa de calidad, todo lo que tiene valor.

Talento Natural:

Es mente de pensamiento amoldable. Se expresa como pensador liberal y fácil de congeniar, muestra facilidad para dar forma grata a las creaciones de una imaginación siempre fecunda. Recibe aumento en las empresas que requieren de gusto artístico, destreza en la coordinación y ejecución y cierto humor e idealismo en el logro de los resultados. Ama las cosas del amor, del honor y de la familia.

Podría destacar en profesiones como orador, escritor, actor, pintor, músico, humorista, hostelero, comediante, estilista o comerciante(2)", según la numerología


"Antonio es un nombre propio español. Procede de Antonius (latín); y tiene un probable origen etrusco. Desde el Renacimento se le atribuye erróneamente un origen griego debido a su semejanza con el sustantivo άνθος (anthos) que significa "flor". Esto ha llevado a pensar que su etimología era "digno de alabanza" o "aquel que merece flores". De hecho, a partir del siglo XVII, en la lengua inglesa comienza a aparecer escrito con la grafía "th" (Anthony en vez de Antony) haciendo referencia a este supuesto origen griego. El significado real del nombre puede ser "aquel que se enfrenta a sus adversarios" o "inestimable". " (1)



1- http://es.wikipedia.org/wiki/Antonio
2- http://www.misabueso.com/nombres/nombre_antonio.html

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