lunes, 17 de noviembre de 2014

In Uterontes



Dominios del estilo,
el hambre casi pasa sin verse,
entonces se empieza;
el baile, aparece al aire;
los dientes, las garras
que desvían la intriga
por los caminos
               donde debilidades
                afloren ríos angustiantes;
                el terror, el hambre.
Estilos de dominio,
el viento nos levanta
en hojitas ciegas,
olvidando un árbol,
planean nuestros sentidos,
infertilidades en las canoas
sin agua, y deseo de hundir;
                  estamos por definir, y los vapores
   llenaron los globos festivos,
explotaron, y las cajitas con el vapor
                 se quieren
                                quedar;
                                          ¿se pueden?, ¿se pueden
                                                       quedar?
Hay otra roca sobre el barquito, y los otros barquitos?
Se escapan, siguen; el peso, la gravedad...
¿El barquito? ¿El agua?



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   No queda más remedio que aceptar que una lucha necesita dos o varios adversarios, que el imperio sin conocer su origen se verá obligado a quebrar alas y flores en cada instante que transcurra el paso de los suspiros y gritos, por mantenerse, por defender su interminable juicio de razón. Lágrimas, razones, idioteces, anesteciantes, risas, complejidades sin complejo al entenderse como un espejo. Penas, fríos, oscuridades, cegueras.









                                                                                                                 TU nombre que se aleja junto a los días por recordarte día a día, serás entonces otra cicatriz sin herida a la vista?; dónde estás que no puedo hallar tus formas? En esa amistad no quiero enjaularme por el animal sin razones para pensar que terminé siendo, te quiero acá y allá, en cualquier lado.
  Será otro problema, aún no sé porque resultas hermosa aromática italiana. Inesperada y sorpresiva, tu momento se desea por quien te escribe entre líneas de vez en cuando; dónde estás, Sol?

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