lunes, 17 de noviembre de 2014

Ártico y Luna

"¿Por qué te enlistaste? Aún no lo comprendo... Porque alguien me dijo que haga lo contrario."
Recuerdos de películas que marcan algo, antes y después.


Ártico y Luna

Dos niños fueron separados, en el momento en que sus vistas entrelazaron almas en el delirio sin escalar. Él era como el mismo Ártico, desde la corteza de su piel, y ella como el viento convertido en canto de aves a través de la brisa del galope. Ártico y Luna desesperaban en la libertad del hogar dónde anclaban las nutridas pérdidas de tiempo que solían protagonizar entre héroe y heroína por los bosques del desconocimiento, verde en vida como los árboles que soñaban trepar y trepar y trepar hasta quién sabe que rama podría soportarlos, sólo para ver desde ese punto la lejanía de los paisajes en tan bella altura. Nunca más volví a ver a Luna. Las noches se estaban volviendo dudosas y escalofríantes. Estuvo mucho tiempo, por no decir toda su vida, soportando. Los juegos y los amigos iban y venían, pero solía sonreir de vez en cuando. Con naturaleza, con despreocupación absoluta, terminaba ejerciendo un momento eternificado en cuanto a procedimientos para transcurrir los días. Los niños iban y volvían, molestaban y alegraban. Pequeños conocidos de los inicios del pequeño. Ártico sabía perder el tiempo en los olvidos de su gran memoria, era la mejor forma de perder para volver a encontrar como en los casos de su soledad repentina forjándose el hombre, el muchacho, el joven, otra vez el hombre. ¿Qué podía hacer con las noches? ¿Qué es lo que podía impedir su lejana guía? ¿Acaso no se le ocurrió al de siempre, al no aceptado, al amado y subestimado Dios pensar en el acaecer del volver a verla cada noche de mi vida? Estuve conviviendo entre relaciones, entre información y acciones. Disputas y dolores agrientos, miserables como temidos y odiosamente odiados. Comprendí mucho y dejo librados los mañanas a una de las causas más absurdas como lo es la fé. La fé en Dios terminó de irse junto a ella, junto a la Luna que me permitía recordarle día a día esperando la noche. La fé me sostuvo durante todos esos letargos entre sonrisas y llantos cotidianos y no tanto, a esperarle. Llena, tímida y radiante, sensual y misteriosa como la luz sobre la oscuridad que me entregaba día a día a ella. Ella era la Luna en toda su escencia, era la Luna que deseaba recordarme porque había respirado y venido. Era la duda, era la pregunta que no podía dejar tranquilo este frío ambulante que sólo me permitía alejarme de lo que no aceptaba y de lo que sí, pensando siempre en cada movimiento... Y ella era la noche, la noche que me recordaba a olvidar de nuevo todo y calmar el trecho entre cielo y tierra, entre vida y muerte. La noche cálida sin nada que envidiarle al astro dorado. Luz blanca y en la noche azul oscura, Luna mía, Luna ajena. Luna que recuerdo siempre tu vida y ni las herramientas del maldito tiempo me han hecho encontrarte. Sólo cuestiono nunca saber tu apellido, sólo respondiste "Luna", Luna. El drama iba de la mano en la desesperanza y fé bramiante que sostenía toda la voluntad y toda la fuerza de las esperanzas que también convivían con él. No podía quedarse quieto, no podía olvidarse por completo. Siempre pensó sobre los recuerdos de la memoria selectiva, acerca de elegir y seleccionar lo que vemos, cuando... nadie conoce realmente la capacidad del cerébro. Tal vez esté equivocado, siempre el planteo venía a que no hay fundamentos, pero todos los recuerdos estaban grabados. Ártico podía comprender el desencadenante de cada momento presenciado en cualquier actitud actual. Sólo pensaba muchas veces qué pasaba sobre lo que pasaba, como si fuese una gran mesa con mantel hasta impedir la apreciación de las patas que la sostienen a ella, tabla debajo de la caramelera. El micro salía, recuerdo, a las 13:00 hs. En ese instante recordé la superstición, sonreí comentándole a la chica que promocionaba no recuerdo qué producto con la pregunta como herramienta: "¿Qué busca en este viaje de la vida?", tenía una silueta formidable, justa para llamar la atención de cualquier individuo demostrando casi toda su anatomía, dejando a la imaginación el detalle del color apielado detrás de los múltiples colores. Era una excelente estrategia para llamar la atención del sentido humano-animal de la excitación, la fantasía, el apareamiento o la simple aventura carnal y real de las infidelidades de novela. ¿Quién sabe?; cuando me cuestionó el lema de su campaña simplemente contesté que buscaba a Luna, como quien es un lobo avejentado en su corta edad aullando de congoja a su Luna atrapante, como hechizo nativo de pies en las tierras de las pisadas del canino salvaje, indomable. Sólo quiero hallar a la Luna, entiendes? Pues en verdad te explicaría, pero los sueños caen a pedazos cuando los compartes, creo que si no sabes de eso, algún día lo tendras muy en claro. Estoy totalmente de acuerdo, pues en este momento yo mismo me pregunto si tiene algo de lógica seguir este emprendimiento, porque estoy totalmente en un momento de cero guía, cero información salvo un par de lugares que se fueron de mi vista diaria para convertirse en lugares del instante infinito del tiempo, que perdura aquí, sabes? Veo que se puede hablar con vos, exactamente lo que pasa es que busco a una niña del pasado, que tranquilamente podría verse como tú, salvo los rasgos que eternifiqué de su rostro, evolucionando hermosamente con los años, podría tener tu altura, tal vez tu abdomen o tu silueta; quizás sea terriblemente mucho más hermosa que tú, o tal vez el envase de su misterio arrojado al mar sea simplemente un repelente al superficial daño que se puede causar en su tesoro silencioso, quedo y callado, dulcemente misteriosa cual Luna noche tras noche, terminó de convertirla en mi sueño, en mi eterna pregunta si no la quito de encima de una vez por todas y para siempre o nunca. Es bueno oír a alguien decir eso, obvio que este sentido sin meta tiene el sentido más importante hasta aquí en día, después de todo lo que pude ver. Te agradezco al oírme y no reirte. Claro, claro, lo sé perfectamente, sólo que hay un clima general que permite que todo sea tomado como un absurdo surrealismo cuando analizando concretamente, el absurdo surrealismo está día a día entre nosotros, sobre lo que permitimos inventarnos y mantenernos en mente con el correr del córcel del tiempo, en fin, gracias por la charla. Ya parte el micro. Gracias, espero encontrar suerte si es que es real. Cuidate.  Lo sé, no la conozco y es un consejo muy, demasiado grande para poder hablarle cuando pueda. No recuerdo ninguna palabra que me haya dicho esa chica, o me niego a recordarlo, pero sé que pude hablarle sin tapujos, encontré un raro entendimiento como si estuviera monologando. Tal vez solo me oyó, aunque creo que habló. Hasta pudo desearme suerte sin haberle contestado integramente lo que quería, adquirir el "plan turístico deluxe" y encontré interés en mi desinterés por el interés de su pérdida de tiempo. Día a día sólo hallo el consuelo de sentarme en esa plaza sin razón alguna de pensar en otra cosa más que en mirar como se consume el humo de ese cigarrillo, de esa locura que sostenía mi cabeza raramente erguida con la compañía de estos bancos de vidas pasadas en árboles inalcanzanbles por estar ya derribados. Qué bueno, en tres horas entro al club. Tal vez esté aquí sentada hasta que termine de ocultarse el Sol y entre a las ligas y lujurias del escapismo masculino. Suerte que la universidad es mantenida por el estado y con lo del alquiler saldado puedo invertir en todos los libros ausentes del polvo bibliotecario académico, ¿cómo sería que sin ubicarte realmente en tu posición tienes que recurrir a trabajos como éste, fácil e inmoral, humillante y placentero en ocasiones? Todo se desprende del cigarrillo que me mira con sus caras diabólicas consumiéndose, voy a dejar esto, eternas contradicciones en estas adicciones, consumiré hierba de vez cuando y ya, no voy a quitarme más el tiempo indeciso que no voy a ver hasta que llegue. Este banquito particularmente tiene el poder de hacerme hablar sola o estoy re loca. Ella no dejaba de sonreir y reirse de su sonrisa. No podíamos trepar al árbol, Luna, ¿recuerdás cuando te besé antes de marcharte? ¿Dónde encontraré la Luna después de verla noche tras noche? Sólo las direcciones lo saben, el micro está temblando bastante...

Continuará...

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