lunes, 17 de noviembre de 2014

El miedo de ver y el temor de no ver, el temor, el miedo,

el fuego.



Aire.

Podría alivianar todo,
sumergirse en tu dulzura
tal vez tenga sentido
de no consumirte, de
esperarte porque deseando
esperarnos siento latidos,
y más que latidos.

Cómo explico o refuto las melodías que surcan los ambientes
 en el silencio que me deja en pausa tras pausas en una pausa?

Sí, quiero atravesar los límites,
y si confío secretos será porque
en la única jaula que deseo cantar,
después de tantos minutos alarmantes,
es en la que día a día tus juegos
repelan todo lo que me lastima.

Mientras amo perder los controles
de algo que asumí caracterizarme,
no encuentro forma precisa en mí
para acercar nuestras máscaras
poco a poco, en una eterna espera
que da origen a un temor que alguna vez,
por error o acierto audaz, sentí por allí.

Quiero, en verdad quiero y despierto,
temo querer temiéndote,
 lo ves?

A oscuras y sin verle, como hablarse a sí mismo,
vuelvo a reiterar en cada grito que se escapa de mí,
que la luz permitió que le vea así, radiante, única,
como mismísima sensación de libertad a mi edad,
el mismo retrato que en la oscuridad.

Apuesto a los cuentos que puedan salirse de nuestras manos,
y día a día,
(días a día, día a días),
 después de ocultarme en la insignificancia mía,
podrás oler como me entrego de a poco por desconocerte.

Espero,
y confieso como niño asustado que matas todo por
encontrar en cada muerte un nacimiento nuevo, espero,
reina de los futuros, espero, porque quizás tomes
una corona sin valores para el mundo, el poder,
en mi tierra.

Esperaré; 

no busco una interpretación sutíl,
de este modo susurraría en tus oídos
de volverte en mis ojos y acariciarme,
como el viento, sin explicaciones,
sin preguntarse porque elige volar
entre los rostros que le puedan sentir,
verlos sonreir,
espero,



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 entiendas.

La tinta que chorrea
todas mis elecciones 
y acciones es así,
va caminando o corriendo,
a veces se tira y tropieza
cuando el pulso se desvía 
o se marea,
luego se tacha, reescribe,
pero sigue llendo de adelante para atrás, o de lado a lado, o de atrás para adelante; 
sigue. 

Los fuegos aparecen, 
debería ignorarlos y pensar
que no tiene sentido que ardan?
Debería someterlos
al agua que les rodea y 
permitir que se disipen en el aire
apuñalándolos 
con el mismísimo olvido cobarde
que suele insinuarse?
Porque soy un cobarde con valor,
vuelvo a gritar
con un tono un poco más alto,
que no pienso matarte, no pienso olvidarte;


siento buscarte,


   los brillos son inadvertidos si se está demasiado lejos de ellos,
 y a veces la distancia
 engaña al alcance de
 nuestras vistas,
no hay medidas
para definir un
"acercar" y "alejar";
"alejar" y "acercar", 
fuego,

siento buscarte. 



Mientras más cerca o más lejos se esté,
 los fuegos no muestran su fulgor por desconocer la misma forma de esos fuegos,
en otros ojos,
 siento buscarte. 

Estamos en un mar y admito meterme en llamas sin importar nada, 
encuentro razón en las llamas 
y sobrevivo con ellas,
en lagos de lava.

 Siento buscarte. 

Sentí 

ser dueño de tus versos,
 luego y antes de saber algo de tí y
 siento buscarte. 

Elijo ocultarme, elijo no asustarnos,
no precipitarme evitando el posible
conocerte;

siento buscarte,
fuego siento, buscarte;



fuego, siento buscarte.


 Buscar, que aparezca sin provocarse, y no como mis sogas sugieren lo obligue surgir.



Releo en esta quietud. ¿Por qué?, por chocar, para chocar con la pared que exista, sea cual sea y enter, por tí, Asclepsia flava; flaveante vivo en flor ocular. Tal vez me oigas, ojalá te distraigas en mi voz callada y me escuches, ojalá. De esos castillos suelo ser el guerrero ciego que nunca se atrevería a abandonarlos mientras éstos no elijan derrumbarse; después de un tiempo, con cierta dificultad, abandonaría el lugar dónde el fuerte se haya levantado, por no tener nada que defender, preparándose para posibles próximas guerras; el fuego ya apareció: alcázar nazca, no oponerme más, y en el trono sentarás, tú. Las formas, las reglas, que se haga todo como un discurso si se quiere y se lea en tono robótico, el alma ahí va también; mientras la imagen ordenada sólo es el juego que lleva a cabo dicha alma, donde jugando se escapa su inocencia, y da así cuenta de todos los caminos que tu nombre me hacer recorrer.

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