lunes, 17 de noviembre de 2014
fantasìa o realidad, ... le da igual.
Tengo una habilidad para protagonizar hermosas pinturas, de la nada para la nada, claro... Es una parte, en una esquina donde me parezco al amante para ser amado. Simplemente porque las cosas de alrededor me llegan de una forma que cuestan de darse a entender cuando les consulto, en medio de su atonía desordenada y desordenante. Hoy pienso en el título, y no es una película si no lo ves como una película. Es de prematuros e idiotas, para muchos; es raro, para otros; pero el billetin que alegra de vez en cuando, en esta ficción no promete un doble de riesgo, no, no. Soy una persona principiante, para ser y parecer ser, ser. Y entonces? Cometo el pecado de librar batalla y ahogarme con una lanza que atraviese mi garganta en gripa, más gripa mental. Ese es el maldito pecado, el maldito punto donde la escalera deja de poner escalones, sólo queda volar y... confiar. Cometo el pecado de pelear, volando, contra algo que no quiero y con lo que nada tuve que ver, sólo menos y más que un parentezco directo, todo-nada. El pecado de confiar en esas alas acometió al de pelear, porque si una sonrisa revive muertes sin óxigeno, ¿vale la pena rescatar esas sonrisas del mundo, creyendo que ellas lo virarán? Viajando en el 354, línea B, Pergamino y Sitio de Montevideo. Mis ojos fueron tomados por sorpresa a causa de unas lágrimas independientes, que se aproximaron a la firmeza de mi voz con esa sensación de viento sentimental, como débil y furioso huracán. Dije sí hacia dentro. Sonreí. Susurré un sí con una voz que parecía luchar, agonizante, contra el silencio que la quería capturar.. Recordé que hace mucho tiempo, no importa el motivo ni las causas, alguien me dijo que tenga cuidado con los "cirujas", porque me iban a comer. Estoy hablando de escuchar esta leyenda, hace unos años, con una mirada aniñada y preguntona. Me dieron miedo por un tiempo hasta que miré a los ojos a un hombre que -por su apariencia- asemejaba adecuarse a ese grupo de los "Indie gente" -preferí llamarlos así-, una vez mientras sonrió. El frío de la tristeza hela la sangre y la alegría tiene un aire cálido, paradójico es lo que siento, porque la helada abismante sonríe y quema. Lo viví. Años más tarde, quema de otra forma y no quiero que se coman a esos cirujas del mundo de las bolsas de basura, esas que guardan deseos y amores, consuelos y momentos, fotos y bastones, máscaras y actuaciones, aplausos y caídas, manos, hombros y brazos.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario