Trozos de los futuros
Ártico y Luna
El Sol y la Luna
Ártico estaba caminando a orillas del río cuando vio acercarse una perra en una balsa, ladraba con una gran desconfianza, parecía dispuesta a atacar en cualquier momento cuando arribó a la balsa. Al momento de ubicar ambos pies sobre la nave, Ártico pudo tranquilizar a la perra sin necesidad de interactuar con ella, la sensación daba a entender la aceptación del canino con sólo sumarse al viaje y ser un tripulante en acción, no tardó ni dos minutos en regalar su pelo y su satisfacción a las caricias del nuevo sub-capitán. El río ya se mostraba inestable en la medida que avanzaba la balsa, la rigidez con que la había construido era interesante al punto de soportar las olas que no podían evitarse. Se nota que el animal se había tomado su tiempo en construirla Cuando la neblina incesante que dejaron los golpes del agua cesó, el desierto acuático era impresionante. Los sentidos ya no tenían destino, no sabíamos donde ir. Gaia no tenía idea de dónde estábamos, y yo no podía pretender que ella lo supiera. Nos hallamos desesperados, juntos junto a la violencia de las masas de vida cristalinas, no había límites en el horizonte, cualquier punto era ideal para partir. Terminaba de lavarse la cara, era el momento de comenzar la búsqueda. El trazo era largo y atravesaba varios puntos del país, por no incluir todos, pero tenía ganas de ir a San Telmo, entonces el primer punto donde Ártico llegó fue el barrio lindero al mundo del Caminito; las caminatas sin sentido fueron varias, analizando si en los pies de Luna podría hallarse atracción por lo visto mientras se avanzaba en contra del tiempo, como hace varios años atrás. Encontré esa plaza, Parque Lezama, sabía que había estado allí. Lo tenía claro, corrí y trepé. Conocí a Sol una noche, cuando estaba a punto de volver a ese cuarto de hotel donde siempre anidaban las fiestas entre turistas y estudiantes, el aroma a murga festiva que se respiraba en esas calles me encantaba y tenía la esperanza de encontrarme con Luna allí. Si hay algo que amo es salir del club y caminar por esta feria, todos de alguna forma están sonriendo y mientras se ganan la vida, los vendedores, hacen dinero cuando disfrutan de sus obras de arte. Estas ferias son geniales, el verdadero “grito de la moda” sería ideal en tal pureza, dentro de todas las mierdas habitan estas purezas no tan puras, pero sí en su escencia. Me pregunto si realmente existe el amor, debo confesar que mientras me encuentro sola siento esa duda rara por creer haberlo sentido y hallarme distinta sin serlo, tal vez eso sea lo que me idiotiza de vez en cuando. Me imagino si fuese real, es un mito propagado entre novelas y cuentos pero tan llevado a la realidad que me da escalofríos. Toda la vida y todo el mundo hacen que hoy esté viviendo alojada en esta historieta evolucionada llamada justamente realidad, es por eso que creo que puede suceder ese fenómeno que marca lo que nos permite decir sí o no realmente, pero ¿puede relacionarse el amor con el sexo?, si es así no podría enamorarme y nadie enamorarse de mí, cobro por tener sexo, es mi trabajo, ¿qué carajos hago hablando sola? Amo mi vida y mi tiempo, también mi imaginación... ¿Será que podría amar a un hombre o una mujer más que a mi tiempo e imaginación, más que a mi vida? La vida tiene esas cosas que la componen que, adentrándose, una se mete en el laberinto de todas las salidas, las fáciles resoluciones de los caminos continuos y conectados todos entre sí, cualquier lado que conduzca te llevará a una salida sin callejones con ausencias de elecciones, y una de nuevo vuelve a cerrar algunas puertas para reabrirlas en un corto instante, para encontrar nuevos horizontes cerrando las salidas. Se va por la senda difícil, por la fácil, soy humana, soy de carne y huesos, y siempre recomienzo cuando los diluvios debilitan el papel que puede cortar la piel del más duro o frío. San Telmo, San Telmo, el porro y San Telmo, me voy a Parque Lezama, buscando miradas para sentir algo distinto hasta quedarme sorda del mp4, cosa que dudo. Hola, sí, tengo fuego. Emm, vos cómo te llamás? Sol, paradójico, yo busco a La Luna, ja. Sol me había encontrado en el banquito de la noche, prendió uno de esos rollitos de la alegría y tomó asiento como para compartir las estrellas y lo oscuro de los verdes en la noche silbando entre hojas de árbol y brisa dulce, me invitó de su fórmula individual, privada, para conectar los modos visionarios, cuando sentí la urgencia de ir a la feria ya que había pasado demasiado tiempo hablando con Sol, aún así a Ártico le quedaba bien el oído después de escuchar hablar a su nueva compañera de horas, sabía que iban a compartir no sólo unos instantes sin destino ni recuerdo, tenía en claro que las charlas no iban a tener límites ni sentidos, así que la invitó a recorrer la feria con él, quería caminar observando ese raro ir y venir de la gente que se presenta allí y luego seguir recorriendo para su búsqueda. Brasil estaba siendo cruzada cuando los dos botes del Amazonas se dieron a contracorriente, era imposible que Ártico pudiera acceder a un minuto de Luna o ella a un minuto de él, los barcos iban por separado en dos direcciones indescriptibles, cuando se cruzó la calle y ambos clavaron la línea de sus miradas entre sí. El viento sugirió el camino cada cual debía seguir, pero esa intensidad. Sus ojos parecían arder, quemarse en todo su esplendor; los segundos fueron sorprendentes y viró. Al cruzar la calle y resignarse a seguir esa mirada, ambos giramos y continuamos esa unión entre auto y colectivo atravesándose, entre misterio y ansias, entre intriga y búsqueda. Tenía muy en claro que esa mirada no fue una simple mirada, y explicó a Sol sobre lo que le sucedió, acerca del fantasma de Luna en la chica del Parque Lezama. Entre tragos y risas, más unas cuantas sonrisas, Ártico debía buscar la billetera y los documentos porque parecía que la noche iba a ser bastante larga y las cervezas del camino ya se habían terminado cuando sostenía entre mi aliento los labios del Sol radiante en el enigma de toda su piel con los perfumes del olvido, del calor de las almas desmoronándose mientras adornan cada mordida en cada eterno beso. En la densidad del cuarto al cual entramos entre ciego y ceguera jugando al equilibrio de no caernos, los instintos era suyos, los animales manchaban las verdades con pequeños tinteros de pasión. El repertorio de las imaginaciones y sentidos musicalizaba cada suspiro anestesiante de muerte súbita por fusionar nuestros cuerpos con los encuentros de la eterna noche. Me invitó un cigarrillo mientras encendía su segunda vuelta del risueño. ¿Sabés algo?, me gustaría haberte conocido mientras recorría otro camino y sin mis convicciones, en otra noche, en otra historia. No me llamo Luna, me llamo Sol... pero si la Luna ya existe, seré tu Sol nocturno. Distinta a todo y a todos, distinta al Sol y a la Luna. ¿Por qué me miró así? ¿Por qué se dio vuelta? En una hora entro al club, ¿qué personaje aparecerá hoy?
Continuará...
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