lunes, 17 de noviembre de 2014

Es anormal en la rara realidad,
esa de siempre, donde importa no recibir nada.
Todas las noches apareció la Luna,
violando hasta las lluvias,
tampoco le importa, dómina domina en las noches…
Son vagabundos fantasmas, vagos sin mundo,
siempre ahogados, reventados al horror.
¿Al horror? El mismo idiotizado en su naranja,
elegida por causes a través de la aglomeración.

No quiero intentarlo, la realidad al fin,
resultó pluralmente irreemplazable.
Ésto es real, todos son reales.
En el círculo cual Sol ignora, tan solo
se halla la Luna, téstiga densa, salvaje.

Viven cayendo, un milagro ante el ocaso
de las maravillas y nuestras púpilas tornan rarezas.
Aman el arte de la destrucción y nos regalan
sus beatitudes, dejando de nuevo,
sus vidas por una reacción admirable.
Todo es raro.

La realidad, todo lo real y la ficción.
El mal flashea todos los viajes y
la fisura mental, reclusiones colectivas
para todas las verdades y todas las mentiras.

¿No es hermosa la noche?
¿De eso hablamos?
¿Todo mi mundo?
Todos los sentidos libres, libres
también aceptan lo que ven.
Reconocen.



Así comenzó la tormenta perfecta. Todo el suelo bendito en el aire, no dejaba de danzar encuadrando con el viento y el pastizal. El cielo nunca dejó de vigilar. Ansiedad del destino hiriendo libertades, sálvame lluvia del mundo! Así lo llamamos al comenzar. Veo flores caídas amando su eternidad, todo y todo, en la nada ganó el vacío. Era robusto el sueño ahogándose en su miel, fuerzas en tempestades con las manos atadas. Su rostro comenzó a moderar sus expresiones, escapando mientras el titilar de sus ojos aumentaba, brillante dolor en lo que podemos acercar a la intranquilidad. El sabor amargo... Las letras sin más agresión, y creo en el blanco que aniquiló los disparos; ¿seremos amantes de la exclavitud? Fiebre, humana fiebre, fiebre. En verdad el instinto se acumula en el cielo, veinte descaros tallados a mano y te veo. Me encuentro ciego de justicia en la honestidad de tu espíritu, y ¿para qué? ¿Para qué ceder tramos inmensos de mi alma? Sólo hoy, veces de un divino anhelo, y por momentos al raz real de los suelos, mientras muerdo el polvo, aspirándolo como suave daga del final, se van mis manos con el viento y no encuentro aves al vuelo chocándose con estos ojos livianos-exclavos a -sin- volar. Después de tanto fuego intentamos trepar... Sonríe con tu aire rodeando mi rostro. Si todo el cielo se escapa, sin más tormentas se ahogaría la mar. No es así, el viento destruyendo los aires, sin penas ni glorias el fin del mundo cuestionará toda imagen al parar. Evitar el deseo del infierno, anhelar y concluir era la nostalgia de tantos frutos impuros de asesinarnos. Las estrellas se estaban apagando y mis sentidos quieren despertar en el viento de tantas historias contadas, como aves de belleza; se lo encerró hasta su fin. Derruido? Aún puedes blandir esta copla, y recordarme que solemos respirar en un mismo suelo, quizás en un solo instante.

No hay comentarios:

Publicar un comentario